La segunda vida de la ropa
Una camiseta no deja de tener valor porque ya no la llevemos como antes.
Podemos arreglarla, modificarla, convertirla en otra cosa, intercambiarla o simplemente encontrar a alguien que vuelva a disfrutarla.
Antes de tirar una prenda, merece la pena preguntarnos si realmente ha llegado al final de su vida.
Un pequeño agujero puede solucionarse. Un pantalón que ya no nos gusta puede transformarse. Una chaqueta que lleva años olvidada quizá sea perfecta para otra persona.
Reparar también tiene algo de reivindicación: decidir que nuestras cosas merecen tiempo y cuidado.
En una industria acostumbrada a producir y desechar rápidamente, dar una segunda oportunidad a nuestra ropa es un pequeño acto de resistencia.